​Capítulo 2: Cómo me arruiné a los 15 años y qué podemos aprender de ello


​​Desde muy joven me interesó muchísimo el mundo del dinero. Me gustaba hablar sobre ello con los adultos y enseguida busqué formas de ganarlo y hacerlo crecer. Según cuenta mi madre, con 7 años le pedí a mi abuelo que no me diera más “paga”; quería que me comprase acciones de bolsa en su lugar. Y a la edad de 12 años ya había conseguido vender unos cuantos vehículos para mi familia y vecinos, obteniendo jugosas comisiones.

Después de esto empecé a oír hablar de algo llamado “bolsa” y quedé maravillado de conocer una forma de crear dinero de la nada, con tus ideas, desde el sofá de tu casa. Tras leer un par de libros y muchos foros en internet, decidí abrir una cuenta de valores con 15 años. Tuve que hacerlo a nombre de mi abuelo puesto que no es legal que un menor de edad opere por su cuenta en bolsa.

Decidí empezar con algo seguro y acudí a la OPV (salida a bolsa) de Criteria Caixa Corp, el holding de inversiones de La Caixa (tenía una cartera industrial diversificada, participando en Telefónica, Repsol, Gas Natural o Abertis). Después de un par de aburridos meses en los que la cotización de las acciones no se movía ni un céntimo (literalmente, el valor cerraba día sí y día también a 5,25 euros, su precio inicial), decidí vender Criteria y buscar algún valor más divertido y rentable. Acababa de llegar a la bolsa, ¡quería emoción! ¡Subidas y bajadas!

Esto fue en verano de 2007, justo antes de la mayor crisis de la historia reciente. Y, si lo recordáis, por aquellos días la industria de moda que iba a cambiar el mundo era la de las energías renovables.
Concretamente había una empresa muy “puntera” que parecía un cohete: no paraba de subir en bolsa. Se llamaba Solaria y vendía placas fotovoltaicas. Las perspectivas del sector y la compañía eran inmejorables. ¿Cómo no iba a invertir en la empresa que iba a revolucionar el sector energético mundial?

Así que compré algunas acciones. Durante unos meses todo fue bien, la cotización subía y yo me creía el más listo del lugar. Un día subió un 25% y yo “gané” cientos de euros en unas horas y sin hacer nada: ¡Con 15 años “ganando” más que los adultos! ¡Qué mundo tan fascinante el de la bolsa!

Después las cosas empezaron a torcerse y la cotización comenzó a caer. Pero eso no importaba, yo pensaba que “la empresa seguía teniendo excelentes perspectivas y el mercado no sabía valorarlo”. De hecho, era una buena ocasión para comprar más acciones, pensé. Así que compré otro puñado, promediando a la baja (ahora mi precio medio de compra era menor).

En esta época pasaba bastantes horas leyendo foros sobre la empresa, donde muchos “pillados” (inversores que estábamos perdiendo bastante dinero) nos autoconvencíamos de que la empresa era excelente y eso se acabaría trasladando al precio. Tras más caídas, compré un tercer paquete de acciones y en ese momento TODO mi dinero estaba depositado en acciones de Solaria, todo a una sola carta. “All in”. Y no importa si eran muchos “euros” o no, todo tu dinero es TODO tu dinero.

Desde los 25 euros de máximo histórico, la acción se desplomó hasta cotizar a menos de 1 euro. Después recuperó hasta los 3 euros, momento que aproveché para vender y asumir que me había ARRUINADO: había perdido el 95% de mi dinero.

Arruinarme fue muy DOLOROSO. Había perdido: Game Over. Me habían engañado. ¿Cómo era posible? Durante unos meses estuve semi-deprimido hasta el punto de que mi familia se empezó a preocupar.

En cualquier caso, no me arrepiento en absoluto de esta experiencia y de ninguna manera la cambiaría. Aprendí muchísimo de ella y fue lo que me empujó a aprender cómo funciona realmente el mundo del dinero y qué estrategias utilizar para hacerse rico en bolsa.

Pero no dando el pelotazo, en un par de meses, sino a lo largo de tu vida. De toda una vida. Y eso, querido amigo, sí es muy probable.

¿Qué lecciones aprendí?

1) Necesitas un sistema que no dependa de ti ni de tus emociones.
Esto es muy importante. Tu dinero no puede depender de tu estado de ánimo ni de tus opiniones. Es demasiado importante. Tienes todas las de perder. Por tanto, el éxito pasa por eliminarte a ti mismo de la ecuación: diseñar un sistema automático que invierta “pase lo que pase”, sin pensar, como un ordenador.

2) Nadie sabe lo que va a pasar
Nadie sabe si el punto en el que estamos es un máximo o es un mínimo. Si la bolsa subirá un 20% o caerá un 30% en los próximos meses. ¿Solución? Invertir siempre, cada mes o cada semestre o cada año, “pase lo que pase”. Como un ordenador. Sin sentimientos.

3) Hay que diversificar
Warren Buffet (uno de los hombres más ricos del planeta) recomienda no diversificar, sino concentrar tus apuestas, para hacerte rico. Pero… espera un momento: 1) Tú no eres Warren Buffet: no tienes su cabeza, ni su conocimiento, ni su tiempo, ni su equipo de 50 analistas, 2) a pesar de lo que dice, su compañía, Berkshire Hathaway, tiene inversiones en cientos de empresas, 3) recientemente Buffet declaró públicamente que el 90% de su herencia se invertirá en un fondo indexado del S&P500 (muy diversificado; más sobre fondos indexados en el capítulo 4).

Moraleja: DIVERSIFICA. Acepta y asume que no tienes ni idea de lo que va a hacer el mercado.

4) La única estrategia realmente consistente para hacerse rico en bolsa es dejar pasar el tiempo. Invertir en el índice (muy diversificado), echarte a dormir 40 años y despertarte millonario. Magia del interés compuesto (más sobre esto en el capítulo 4). Por eso, ¡EMPIEZA HOY!

El interés compuesto surge cuando los intereses de una inversión son reinvertidos para obtener más intereses en los siguientes años produciendo un crecimiento acelerado. Incluso Einstein se refirió al interés compuesto como la fuerza más poderosa del universo.

Y es que se produce un “efecto bola de nieve” muy poderoso: si tiramos una bola de nieve por una ladera nevada, ésta comienza a rodar y pequeños copos comienzan a adherirse, al principio de manera muy lenta, casi inapreciable. Pero al poco tiempo la bola empieza a ganar masa y velocidad cada vez más deprisa, creciendo de forma exponencial. Así hasta convertirse en una gran bola de nieve de varios kilogramos de peso rodando a toda velocidad.

Esto es exactamente lo que ocurre con las inversiones a largo plazo:



Copyright text 2018 by Carlos Galán | Designed by David U. with Thrive Themes & WordPress